🌍 Mi llegada a la India y el despertar de Chakrapani
Aún puedo recordar con claridad la primera bocanada de aire al salir del aeropuerto de Delhi. Era denso, cálido, cargado de aromas que no podía identificar
Las calles eran un hervidero de movimiento: cláxones que no cesaban, vacas cruzando entre coches, gente que hablaba, reía, regateaba… Me sentí dentro de una película en la que todo sucedía al mismo tiempo y yo apenas podía procesarlo. Era una mezcla entre vértigo y fascinación, como si el mundo que conocía se hubiera disuelto y de pronto estuviera frente a algo inmensamente real.
Todo me resultaba tan ajeno y tan vivo a la vez.
Cuando llegué a Nagpur, tuve una sensación muy clara: ya no había marcha atrás. Había dejado atrás mi mundo conocido y estaba a punto de adentrarme en un territorio completamente nuevo, tanto fuera como dentro de mí.
🌿 Chakrapani: el viaje hacia mí misma en Shivoham
Nada más llegar al ashram de Shivoham sentí su energía envolviéndome. Fue tan intensa que mi cuerpo reaccionó de inmediato: caí enferma. Hoy comprendo que esa dolencia no era más que la primera purificación, el reflejo físico de todo lo que estaba a punto de soltar.
Llegué con el corazón abierto, pero también débil, sobrepasada emocionalmente. Los primeros días fueron un auténtico desafío: la dificultad del idioma, los acentos tan diversos, la necesidad de mantener mi atención al ciento cincuenta por ciento para comprender, el cambio de alimentación, los horarios exigentes y las madrugadas que comenzaban a las cuatro de la mañana. Todo era nuevo, incómodo, diferente.
El cuerpo pedía descanso, pero el alma sabía que estaba allí para algo más grande. En medio del cansancio, comencé a sentir cómo los chakras se movían dentro de mí: resistencias que emergían, emociones que se liberaban, viejas heridas que pedían ser vistas. Fue un proceso profundo de limpieza energética, de elevación de la energía kundalínica, de mirar de frente mis miedos y rendirme finalmente a la compasión.
Aprendí a soltar desde el amor, a abrazar mi vulnerabilidad sin juicio. A confiar en que todo estaba ocurriendo como debía, incluso cuando mi mente no lo entendía.
Hoy, al mirar atrás, solo puedo sentir gratitud. Gratitud por cada instante, por cada lágrima y cada silencio. Por el sostén de mis compañeros de Chakrapani, por la presencia constante de la comunidad Bhanu, y por este tiempo sagrado que me ha permitido integrar todo lo vivido durante este mes y medio en la India.
Al regresar me sentía débil, con el corazón más liviano, con la certeza de que la verdadera sanación nace del coraje de mirarse adentro y del amor infinito que surge cuando nos permitimos simplemente ser.